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Accionar también es respirar, meditar, sentir, reflexionar y llegar a la contemplación en reposo.




En mi experiencia de vida para estar en congruencia, lo que digo es lo que hago. El accionar se me hace fundamental para experimentar lo aprendido. La acción en sí es el movimiento, el tomar decisiones, y el enfocar a dónde vamos.

A veces, al estar en movimiento continuo desde el despertar, se nos olvida respirar de manera consciente. Cuando inhalamos, inflamos estómago y cuando exhalamos, pegamos el estómago a la columna vertebral. Esta manera de respirar nos oxigena, nos relaja y nos permite tener equilibrio en el cuerpo y en la mente.

Para el autocuidado, se requiere tomar tiempo para respirar, meditar, reflexionar, fluir y llegar al momento de contemplación en reposo. Es atención a uno mismo, y el accionar en reposo. Parece que es una contrariedad, sin embargo, el reposo también es tomar la decisión de simplemente ser y estar.

Me encantó el artículo en Nota Antropológica sobre el libro de Byung-Chul Han: Vida Contemplativa. Elogio de la inactividad. Él es un filósofo y ensayista surcoreano, experto en estudios culturales y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín. El libro aborda cómo percibimos la vida en términos de rendimiento, logros, y éxito. Y la inactividad desde la cultura actual, es vista como un déficit, una negación o un defecto. La inactividad es una parte natural del ser humano y produce felicidad, nos comparte el autor.

Byung-Chul Han, investiga y experimenta los beneficios y la magia de la ociosidad y diseña una nueva forma de vida que incluya momentos contemplativos que ayudan a afrontar la crisis actual de nuestra sociedad, para frenar nuestra propia explotación y la destrucción de la naturaleza.



De acuerdo a la Real Academia Española, la contemplación (del lat. contemplatio, -ōnis) es la acción de contemplar, la consideración, atención o miramiento que se guarda a alguien.

Para llegar a la contemplación, se debe liberar y despojar por un momento de las preocupaciones e ideas preestablecidas (es todo y no es nada), y volver a la propia esencia en centro para ver con una mirada nueva.

El arte de la contemplación, no consiste en interpretar o analizar lo que vemos, se trata de ceder la conciencia de sí para internarse en lo otro: rama, árbol, bosque, para integrarse en el cosmos al que pertenecemos, a la naturaleza. Para encontrar al mismo tiempo la pregunta y la respuesta.


Al leer este artículo, me acordé del término rendición desde Eckard Tolle, que lo define como: “Rendirse es la simple pero profunda sabiduría de ceder, en lugar de oponerse, al flujo de la vida. El único lugar en el que puedes experimentar el flujo de la vida es el «ahora», aceptando el momento presente incondicional y sin reservas”.

Eckard Tolle, dice que "Ser Ahora", conlleva una conciencia que está más allá de la mente, una conciencia que ayuda a trascender el "cuerpo del dolor" que es creado por la identificación con la mente y el ego. La rendición es un fenómeno puramente interior.

Creo que tanto la rendición como la contemplación, son momentos propios de conexión interna y espiritual. Somos energía y como se ha comprobado, la energía ni se crea, ni se destruye, solo se transforma. Hay que ser felices de manera contemplativa en el aquí y el ahora que es lo que tenemos.

«Para acabar con la miseria, tienes que empezar por ti mismo y responsabilizarte de tu interior en cada momento». Tolle



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