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La auto discriminación y las generalizaciones

Malecón Aventurero Por: Javier Prieto Aceves


La asimetría se va ensanchando. El abismo existente entre unos pocos multimillonarios y los que padecen una injusta y creciente pobreza. La globalización no ha sido para traer justicia. La meta suprema es el lucro y no que las personas puedan, por medio de su trabajo, acceder un nivel digno de vida. La injusticia social, la discriminación practicada durante casi cinco siglos; primero que nada ha afectado a nuestros hermanos aborígenes, ha mantenido en el atraso y en la explotación a un alto y vergonzoso porcentaje y ha negado la justicia, por eso muchos han buscado otra alternativa de vida emigrando al país del norte.


Otro efecto muy doloroso que tiene que ver con esta realidad del atraso y de la injusticia, viene de la autopercepción que tantos difunden de lo que creen identificar como propio solamente de los mexicanos. Se trata de la auto discriminación que se manifiesta de muy diversas maneras.

Este fue el caso de una trabajadora doméstica que estuvo a mi servicio unas pocas semanas. Esta muchacha de habla y origen náhuatl, me manifestó que hablar y pensar en náhuatl, -su lengua materna- era una de las causas del atraso en que vivía su pueblo. Me dijo que el náhuatl servía solo para atraer el desprecio de todo el mundo; y que haber nacido hablándolo era una de las causas que atraían la ruina y el atraso de su pueblo.

Sin saber lo que decía, esta muchacha renegaba de su propio origen porque le atribuía ser la causa de todas las opresiones y las injusticias de que era víctima su pueblo. Yo no logré convencerla de la grandeza de su propia progenie (que es, también la mía), de nada sirvió que le platicara quién fue Nezahualcóyotl ni en qué idioma nos fue relatado el prodigio de la Virgen de Guadalupe, ni del ejemplo perenne de Cuauhtémoc, que, desde su visión del cristianismo adoptado voluntariamente, reclamó ante la justicia de Dios el homicidio del que sería víctima.


La muchacha tampoco conocía el relato en náhuatl del Nican Mopohua sobre las apariciones Guadalupanas y que ella podía entender en su propio idioma. La oferta que hice a esta muchacha de pagarle sus estudios de secundaria y preparatoria, no me fue aceptada. Fue para mí muy doloroso este testimonio de menosprecio atribuido al hecho de pertenecer a un pueblo explotado.


Por otra parte, en las redes sociales escuchamos muchos desahogos que provienen también de quienes nos consideran inferiores a los mexicanos por el hecho de serlo. A cuánta gente le gusta generalizar, a lo tonto, algunos de nuestros defectos reales o inventados, sobre todo para renegar de las frustraciones políticas. Se trata de ese simplismo que atribuye a todos los mexicanos ser flojos, llegar tarde a todas partes, ser inconstantes, etc. Se trata, según ellos, de una fatalidad que nos lleva a no poder alcanzar nuestras más legítimas aspiraciones, entre otras cosas, más medallas olímpicas.

Dan mucho enojo estas actitudes de derrotismo. Es el mismo que lleva a tantos a negarse a votar en las elecciones o buscar la participación en la cosa pública. Y claro, para contrarrestar esto, no contribuye para nada las consultas inútiles, improcedentes y cantinflescas como la que acabamos de pasar.


Muchos desearían que ya hubiéramos llegado a una sociedad democracia perfecta en la que ya estuviese desterrada la miseria, algo así como un paraíso terrenal. Estos tales no cesan de renegar de todo, entre otras cosas, de sí mismos: han perdido su propia autoestima. La grandeza de la Nación mexicana no los ha liberado de esa mentalidad de renegar de sí mismos, y llevar su amargura hasta la auto denigración de sí mismos.

No faltan personas que deben su poca autoestima a su postración económica y a otras causas psicológicas, sociales y económicas. Este mal de la auto denigración y de la auto negación, exige recapacitar sobre las metas que exigiría una adecuada educación pública para poder llegarnos a un conocimiento verdadero de nosotros mismos.


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