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Nuestro sentir.


Por: María Isabel Uribe Velasco. Psicóloga Clínica.


Escuchar, ver, sentir y muchas veces avergonzarnos de tenerlas como si fueran algo defectuoso, mal hecho, algo que ocultar y, a pesar de todo ello, no poderlas reprimir pues de alguna u otra forma se notan, se escapan, se visten de colores. Las emociones emergen sin que podamos evitarlo.


Las emociones son una parte muy importante en nuestra vida.

Afortunadamente, hoy la ciencia, nos permite saber que no son solo respuestas que muestran nuestras debilidades, como nos lo han hecho pensar en otros tiempos, sino que obedecen a situaciones neurológicas.

Necesitan tener una dirección y un manejo adecuado. Necesitamos aprender a resolverlas, gestionarlas, ya que haciéndolo tendremos oportunidad de manejar de una forma más sana nuestra vida.


Es en la infancia cuando los niños y niñas tienen que empezar a reconocer cuáles son estas emociones y dar inicio al conocimiento de cómo llamarlas. Es decir, a identificar su nombre. Claro que esto se dará con el apoyo de los padres o de los adultos que estén cerca de ellos.


Y aquí hay que tomar en cuenta algo, y es que hemos estado creciendo en una sociedad donde hasta hace relativamente muy poco tiempo, a las emociones se les veía como algo mal; se creía que no nos permitían pensar con sensatez y que tenían que ser negadas o reprimidas.

De ahí que llorar, quejarse, hablar de miedos o enojos, estaba muy mal visto socialmente. Los padres, deseando que sus hijos fueran aceptados, tenían posturas ante la expresión emocional como: ‘no llores, si te enojas te verás muy fea o feo, el que se enoja pierde, los hombres no lloran’, y así, muchísimas consignas para que no nos expresáramos emocionalmente y de ahí a reprimir los sentimientos. Esto solo promovía que dejáramos de sentir.



Actualmente, en la población sigue habiendo descalificación cuando se expresa lo que se siente. Con las mujeres, por ejemplo, cuando nos expresamos emocionalmente, de forma inmediata se nos critica, con aquello de que ‘anda en sus días’, o aquella frase de ‘ya vas con tu drama’.


La vida en familia es nuestra primera escuela en nuestro aprendizaje emocional, es ahí donde vamos reconociendo cómo nos sentimos y cómo reaccionan los demás ante nuestros sentimientos. También aprendemos a pensar sobre ellos, a cómo podemos expresar e interpretar nuestros temores y alegrías.

Y no solo es cómo nos atienden los adultos en nuestra expresión emocional, de pequeños vamos observando la relación entre los adultos cercanos, primero en cómo se relacionan emocionalmente nuestros padres como pareja y cómo se relacionan los diferentes adultos que conforman nuestro ambiente familiar y escolar.


En mi trabajo, como profesional de la salud mental, les puedo asegurar que el manejo emocional con nosotros mismos y en las relaciones que establecemos con los demás, van a ser la medida de nuestro bienestar en general.


Por lo mismo, les dejo hoy una tarea… ¿Cómo se sienten? ¿Y si empiezan a hacer un registro consciente de cuál es el nombre que tiene la emoción que están sintiendo?


Para hacerlo más sencillo, hay que cerrar los ojos un momento -claro, en un lugar seguro- y preguntarse ¿cómo me estoy sintiendo? y encontrar el nombre de la emoción, no solo decir: me siento bien, sino cómo es: me siento tranquilo, contento, enojado, preocupado, triste.

Les aseguro que, con este ejercicio, al final de la semana se sentirán más seguros y más claros con ustedes mismos. Porque cuando nuestros sentimientos tienen claridad, el intelecto y el cuerpo se integran. Y como antes mencioné, el bienestar será la recompensa.

Que tengan una excelente vida.






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