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Ser Comunidad Viva, Amorosa, Culta y Organizada.

Malecón Aventurero

Por: Javier Prieto A.


Mi sobrina Ximena me mostró una colección de testimonios vivos de amor a la Colonia Roma de la Ciudad de México, en la que mi esposa y yo residimos de 1974 a 1984. Cada enamorado de la Colonia Roma puede dar su testimonio de amor. Se detallan rasgos del hogar y se potencian recuerdos compartidos. Se detalla la riqueza de su gente y los sitios clave de sus nostalgias. Se mira con otros ojos el hogar o el trabajo, y a aquellos que van pasando al lado nuestro un día tras otro.


Se trata pues del gozo de amar una comunidad viviente. Se cuenta del rincón íntimo, acogedor, amoroso y de todo lo que es una comunidad viva. Se saben viviendo junto con personas gratas y se cultiva, de manera prudente, pero también generosa y apasionada, una convivencia de la que uno se apropia como una querencia entrañable.

Así, cosas, personas, recuerdos, ideales, proyectos y sueños se juntan; o mejor, como dice el poeta, “se empozan en el alma” y nos hacen trascender. Son los pájaros de Juan Ramón Jiménez, que se quedarán cantando cuando muramos. Son las realidades amorosas cuyo espíritu quisiéramos llevarnos al otro mundo, y que tendrían que quedar incluidas en nuestras maneras de ser felices. Esto se reconoce en la teología católica como la gloria accidental, que es agregada a la felicidad esencial de ver a Dios, cara a cara.


En la sección “para probar”, se nos menciona la comida callejera (me acuerdo de las enchiladas de mole rellenas de pollo y queso en la calle Cozumel, los domingos) y de la dulcería Celaya donde concurría mi familia desde los años treinta, lo mismo que a las pastelerías y panaderías, cines, librerías…me niego a completar la lista de lo que hay para ver, no sea que se me vaya a olvidar algo o que esta columna se alargue.

Baste repetir lo que estos enamorados de esa colonia dicen de sí mismos:

“Somos un colectivo de artistas de la comunicación, promotores culturales, productores y activistas OCUPADOS. Queremos contar la Historia del México de hoy, pero en voz de sus protagonistas: los mexicanos”. “Creemos en el poder del respeto, en el de la sociedad civil cuando se organiza, en la comunicación cuando es sensible e incluyente, y también de las mejores fiestas del lugar.

La página “Amoroma” nació para brindar un homenaje al Barrio. “...De esta manera podemos volver a vernos a los ojos y llamarnos por nuestros nombres.”


AMOROMA era (hoy la escondieron los intereses comerciales) una guía multimedia para el viajero urbano que sus residentes intentaron testimoniar sus experiencias. Hicieron una página cultural que advertía: “Estamos cansados del activismo digital y de las buenas intenciones. Nosotros descubrimos América y no tenemos sexo, raza, religión, partido político, estado civil, ni mucho menos ganas de lavar tu cerebro…” Desde su fundación en 1902 la colonia Roma de la Ciudad de México ha sido un punto de encuentro y referencia del rico entramado social que se manifiesta en nuestras poblaciones mexicanas.


Esta página nos relataba que en la Roma vivieron Álvaro Obregón, el Padre Pro, José Emilio Pacheco, William Burroughs, Leonora Carrington, Fidel Castro Ruz y muchos, muchos más. Actualmente, en sus calles lo mismo conviven comunidades otomíes con parroquianos, estudiantes, distinguidos exponentes del arte y de la cultura contemporánea.


Yo me traje a Tijuana todos mis recuerdos, uno de ellos, la colonia Roma. Y también otros barrios singulares como San Rafael, Anzures, y Tlatelolco y, por supuesto, a todo el bello Puerto de Ensenada que seis años fue mío. Los instalé junto con todos mis oficios y sueños en el ambiente fascinante de las Playas de Tijuana, otra comunidad viviente y entrañable.

Antes de la llegada de la pandemia, en el Cortijo San José era yo el animador de un taller de poesía. Después de la pandemia, me dediqué a crear un blog destinado al uso y goce público:

Ojalá que en todos los barrios de nuestros pueblos y metrópolis, se instalen grupos vivos de gente capaz de encariñarse con la cultura y las bellezas de su propio barrio; y que las empresas mercantiles lo dejen figurar entre las primeras páginas importantes en la red, en vez de sólo destacar las páginas que pagan mejor y tienen más cosas que vender.



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